‘Entrevista’

Entrevista a Rubén Sánchez Féliz

Ensayista.com
Octubre, 2011

Al leer tu novela Beatriz, ganadora del premio Federico García Godoy, de Funglode, se percibe un ambiente de tensión permanente, de que algo está a punto de estallar: Una revuelta popular, una masacre, en fin, algo. ¿Tiene la literatura, y tu literatura en particular, algo que advertirle a la sociedad o, por el contrario, como dicen Jacques Derrida y Roland Barthes, “No hay nada fuera del texto”?

La idea textualista de que “no hay nada fuera del texto” es, a mi juicio, un tanto extrema. Pienso como Michael Foucault, que con esta postura se busca eludir una responsabilidad que tiene todo ser social. Para Aristóteles, por ejemplo, la literatura es imitar la realidad con el lenguaje, la mímesis. Por ello, si pretendemos hacer un análisis de una obra equis, ¿cómo podemos soslayar la intención del autor y el contexto social? Imposible. Para leer Milagros de Nuestra Señora, debemos tener en cuenta la finalidad didáctica y moralizante de la literatura de la época, pensar en Gonzalo de Berceo, en el Mester de Clerecía, tener en cuenta la visión teocéntrica del hombre medieval. No se puede eliminar el referente. Eso de delimitar el texto, separarlo del libro, me parece artificioso e insostenible. Creo que toda literatura tiene algo que advertirle a la sociedad. Pero esta advertencia es parte inherente del discurso expresivo, no creo que haya que forzarla, porque canalizar una obra hacia las vocinglerías del panfleto es otra cosa. “Beatriz”, como sabes, está ambientada en Villa Juana, un espacio físico determinado, y hay alusiones específicas a ciertas canciones y sucesos que ayudan a que el lector se sitúe temporalmente hablando. Entonces, si como lectores sabemos que los personajes se mueven en un barrio capitalino durante los 12 años del gobierno de Joaquín Balaguer, a la hora de analizar la novela no podemos prescindir de esos detalles, porque el espacio y el tiempo en este sentido nos ayudan a entender las actitudes de los personajes y los motores socio-psicológicos que los conducen, la trama, hasta cierto punto, está armada partiendo de esos hechos históricos que marcaron nuestro país y por extensión a nuestra gente.

No hay dudas de que estás en un período muy fructífero en lo que respecta a la creación literaria. El premio Letras de Ultramar y varios premios Funglode (incluyendo el de novela) en un mismo año… ¿Qué más podemos esperar de Rubén Sánchez Féliz?

En estos momentos estoy trabajando en otra novela, se titula “Miedo”, pienso terminarla para finales de enero o principios de febrero. Me gusta el ritmo que lleva. La trama, los personajes. Es el tipo de protagonista que me atrae, desculturalizado. Estoy “delineando” algunas imágenes para escribir los últimos capítulos. Luego viene la no poca tediosa tarea de revisión. Además hay otros proyectos. Una editorial venezolana está editando mi libro de cuentos No volverás la mirada. Saldrá en los próximos meses. También le estoy dando los toques finales a un libro de ensayo sobre tres cuentistas dominicanos de la diáspora y estoy coqueteando con otros géneros.     

¿Podrías revelarnos si alguna vez viste la literatura, o la creación literaria, solo como un pasatiempo? ¿Podrías decirnos si ahora la ves como un oficio?

Desde muy joven aprendí a tomar todo lo que hago en serio. He sabido llevar mis incursiones en cualquier disciplina hasta las últimas consecuencias. Por irrelevante que parezca. Me entrego. Con la literatura no ha sido distinto. Siempre la he visto como un oficio. Claro, mis primeros textos no lo denotaban. Daban la impresión de la ausencia de rigor, de poco trabajo de carpintería, pero ello era fruto de mis posibilidades expresivas que, por entonces, eran, qué sé yo, inconsistentes, precarias tal vez. Característica de escritor bisoño. Pero, reitero, desde que escribí mi primer cuento me afané para que el segundo saliera mejor, leía con más denuedo, asistía con asiduidad a las tertulias literarias, y todo ello con una finalidad: crecer como escritor.     

¿A cuáles autores consideras fundamentales en tu formación como escritor?

Hubo una época en que mi universo literario giraba en torno a García Márquez, Bosch, Borges y Cortázar. Luego descubrí a Camus, a Kafka, a Rulfo y a Onetti, autores que releo con tesón. Más tarde llegaron los alemanes, los rusos, los españoles, los franceses, los norteamericanos, en fin, les debo mi formación como escritor a tantos autores que mencionarlos aquí sería ampuloso y acaso descortés. Hoy por hoy, sin embargo, mis autores de cabecera son Raymond Carver y Roberto Bolaño. También tengo una atracción por la literatura japonesa. Murakami, que es adictivo por demás, Mishima, Oé, Kawabata. Pero al final de la jornada, los constantes, los que regresan una y otra vez, son los clásicos: Cervantes, Shakespeare, Homero, Sófocles, Dante…

Reacciona a los siguientes nombres con una sola palabra:

Juan Bosch: Indeleble.

Raymond Carver: Minimalista.

Rafael L. Trujillo: Trujillo.

Mark Zuckerberg: Geek

Roberto Bolaño: Vigente.  

Juan Rulfo: Murmullos.

Mario Vargas Llosa: Nóbel.

Enlace de Autor Rubén Sánchez Féliz

Cinco Preguntas a Junot Díaz

El renombrado escritor Junot Díaz, autor de The Brief Wondrous Life of Oscar Wao, novela ganadora del premio Pulitzer (2008), habla en exclusiva para Ensayista.com, inaugurando así nuestra sección Cinco Preguntas. En esta entrevista fugaz (por lo breve), Junot habla del largo tiempo transcurrido entre la aparición de su primer libro y su novela más reciente, así como del lugar que ocupa la República Dominicana en su literatura.

 

Osiris Vallejo / Ensayista.com
Noviembre, 2010
 

 
En el tiempo transcurrido entre la publicación de Drown y The Brief Woundrous Life of Oscar Wao, ¿dudaste en algún momento de tu capacidad creadora?

Por supuesto. La duda es el agua que hace posible el mangú. Sin la duda, no estoy seguro de que pueda escribir. En fin, hay que estar perdido para poder hallar un lugar nuevo. Ahora, dicho eso, no es que la duda sea una condición fácil. Sufrí mucho.

Al leer The Brief Wondrous Life of Oscar Wao, se percibe un intento de llevar el lenguaje a sus límites. Surge la pregunta obligada: ¿Cuánto español resiste un angloparlante antes de que su capacidad de comprensión se haga pedazos? ¿Te planteaste en algún momento esa pregunta? 

Para algunos angloparlantes una palabra basta. No puedes imaginarte la cantidad de cartas amenazantes (hate mail) que he recibido por el uso del español. Si estuviera haciéndole el juego a la sensibilidad de los americanos, probablemente nunca haría uso del español. Pero no estoy intentando darles a los lectores lo que quieren; estoy tratando de darles lo que necesitan, y los americanos necesitan tanto español como sea posible. El inglés no tiene futuro en los Estados Unidos, sino a través del español. Las estadísticas demográficas no mienten.

Me ocurrió en unas tres ocasiones. Cuando entraba a un café Starbucks en Nueva York, me tropezaba con mujeres leyendo tu libro. ¿Qué correlación existe entre las mujeres, el café Starbucks y la obra de Junot Díaz?   

Las mujeres suelen ser el grupo más confiable de lectores. A veces me pregunto si no son ellas las únicas que se aferran a las verdaderas complejidades y sutilezas del ser interior. En verdad, más que la mayoría de los hombres que conozco. Sobre los Starbucks, son omnipresentes y de los pocos lugares donde puedes sentarte bajo techo en público a leer. Quizá sea eso. O a lo mejor es cuestión de suerte.

 ¿Qué lugar ocupa República Dominicana en tu literatura; la imagen fotográfica de un país real, una construcción mental que apenas toca la realidad, una caricatura?

Bueno, espero haber expresado las tres… Mi conocimiento íntimo de Santo Domingo es la base de la que surgen esas tres visiones.  Conozco Las Palmas de Herrera. Sé recorrer Los Tres Brazos… [Conozco] a los hijos de papi y mami; las locuras de la vieja izquierda dominicana. Todas esas son áreas en que la destreza no puede fingirse. Es esa familiaridad la que me permite, entonces, jugar en forma más amplia con temas más crudos y, en el proceso, presentar la imagen más cercana que tengo del país que amo.

¿Qué podemos esperar del autor Junot Díaz?

Ojalá sea más trabajo. Pero en mi caso nunca se sabe.